13 mar. 2009

Ya no tienes país


Ya no tienes país

Imagina que un día te despiertas y no tienes país. Imagina que a partir de ese momento vives 32 años en un campamento de refugiados en Argelia, en pleno desierto del Sahara, soportando temperaturas de 50 grados, con escasa agua y alimento insuficiente. Imagina que eres del Sahara Occidental.

Imagina que tu país, rico en fosfato y enclaves de pesca, es primero colonizado por España y luego invadido, a sangre y fuego, por Marruecos. Imagina que el invasor ocupa tu territorio e impone un programa de repoblación que insta a los marroquíes a instalarse donde antes está tu
casa.

Imagina que resistes en el territorio ocupado. Imagina que pierdes el miedo y sales a la calle a exigir tu libertad. Imagina que tú y tus hermanos son torturados, encarcelados, desaparecidos. Imagina que no te doblegas y continúas ondeando la bandera de tu pueblo, cuidando de conectarla al cableado eléctrico, para que si alguien osa quitarla al menos se lleve un
susto.

Imagina que eres uno de los 200 mil saharauis que sobreviven en uno de los cuatro campamentos de refugiados que se extienden en la hammada de Tinduf, en el desierto de Argelia, en la nada, donde sólo crecen las piedras y el verde sólo se vislumbra en pequeños oasis que dan un respiro. Imagina que tu casa es una carpa con decenas de parches o una pequeña casita de adobe que siempre, esperas, será un tránsito.

Imagina que ahí, en el refugio, construyes resistencia y no te quedas inmóvil. Imagina que levantas escuelas, hospitales, talleres de artesanía y medios de comunicación. Imagina que tienes una radio que cubre todos los campamentos y la zona ocupada por Marruecos, y que ya tiene una televisión desde hace un año. Imagina que estudias y te preparas para servir a tu pueblo aunque, es cierto, más de una vez te desesperas y te sientes cansado.

Imagina que eres mujer, que eres saharaui y musulmana. Imagina que tu fortaleza es ejemplo, que luchas por la igualdad entre hombres y mujeres en una sociedad estereotipada por lo contrario. Imagina que en tu pueblo, culturalmente, no hay violencia contra la mujer. Imagina que la responsabilidad de la vida en el campamento de refugiados cae sobre tus hombros, que todos los días te levantas a hacer pan, sales a estudiar a países solidarios con tu causa, que tu vida, en la resistencia, cambia tu destino.

Imagina que vives en la zona liberada, en un pedazo de tierra que defiende tu gobierno, en la verdadera República Saharaui. Imagina que Marruecos ha construido un muro para separarte del resto de tu territorio y que esta pared mide 60 veces más que el muro de Berlín. Imagina el muro minado de principio a fin y que un día que sales a pastorear tus cabras una mina te estalla. Imagina que hoy convaleces en el centro de víctimas de la guerra y las minas Mártir Chérief, un hospital semidestruido por las lluvias del año pasado.

Imagina que esta semana una pantalla gigante e inaudita se apareció en el desierto. Imagina que llegó un festival de cine a aliviarte y a decirte que no estás sólo, aunque la ONU te dé la espalda.

Gloria Muñoz Ramírez (2007)

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