18 abr 2009
Un poema de la Generación de la Amistad Saharaui
Una fecha al azar,
Una mancha de pluma,
Inmisericorde,
Para la eternidad.
Alguien irrumpió
En esta tierra
Para cazar falenas
Para destruir la semilla
De los nidos en peregrinación.
Basta!, porque hay
un anhelo que ya no espera más.
Porque aunque se han secado
Las fuentes de la húmeda paciencia
Aún nos queda una gota de rabia
Quemándonos las gargantas.
Existimos traduciendo el jeroglífico de las eternas inclemencias.
Existimos con empírica constancia y calendario.
Existimos cabalgando sobre la grupa del tiempo.
Existimos contra los pronósticos.
Simplemente, existimos.
No quiero alimentar el perpetuo mañana
Con la rutina de hoy,
Ni abrir con la misma llave
La misma puerta de este calendario.
Pobre de mí,
Que no lloro ni me enfado.
Resecado del bullicio ajeno
He perdido la noción del tiempo.
15 abr 2009
Mensaje en una botella
te saludo con la mirada errante
a través de las ondas de una radio.
En silencio
te envío los encendidos versos
y la voz de un poeta que te cantó
hasta después de muerto.
En silencio
desde estas costas que te miran
en una botella le he confiado
un mensaje de libertad a las olas.
En silencio
después de quebrarse mi voz
seguiré gritando tu nombre de tormenta
tu dolor, tus heridas, tu soledad.
En silencio
seguiré contándote
los pasos que separan
tu ciudad de las dunas
que habitan mis corazones.
*Ebnu (Generacion de la Amistad Saharaui)*
11 abr 2009
Mujer Saharaui
Arena en tus ojos
y en tu sonrisa.
Tu melfa de viento
en silencio grita.
Erguida en la nada
vences al sol
soñando ser libre.
Eres fuerte
Eres bella
Eres,mujer saharaui
como tu tierra.
13 mar 2009
Ya no tienes país
Imagina que un día te despiertas y no tienes país. Imagina que a partir de ese momento vives 32 años en un campamento de refugiados en Argelia, en pleno desierto del Sahara, soportando temperaturas de 50 grados, con escasa agua y alimento insuficiente. Imagina que eres del Sahara Occidental.
Imagina que tu país, rico en fosfato y enclaves de pesca, es primero colonizado por España y luego invadido, a sangre y fuego, por Marruecos. Imagina que el invasor ocupa tu territorio e impone un programa de repoblación que insta a los marroquíes a instalarse donde antes está tu
casa.
Imagina que resistes en el territorio ocupado. Imagina que pierdes el miedo y sales a la calle a exigir tu libertad. Imagina que tú y tus hermanos son torturados, encarcelados, desaparecidos. Imagina que no te doblegas y continúas ondeando la bandera de tu pueblo, cuidando de conectarla al cableado eléctrico, para que si alguien osa quitarla al menos se lleve un
susto.
Imagina que eres uno de los 200 mil saharauis que sobreviven en uno de los cuatro campamentos de refugiados que se extienden en la hammada de Tinduf, en el desierto de Argelia, en la nada, donde sólo crecen las piedras y el verde sólo se vislumbra en pequeños oasis que dan un respiro. Imagina que tu casa es una carpa con decenas de parches o una pequeña casita de adobe que siempre, esperas, será un tránsito.
Imagina que ahí, en el refugio, construyes resistencia y no te quedas inmóvil. Imagina que levantas escuelas, hospitales, talleres de artesanía y medios de comunicación. Imagina que tienes una radio que cubre todos los campamentos y la zona ocupada por Marruecos, y que ya tiene una televisión desde hace un año. Imagina que estudias y te preparas para servir a tu pueblo aunque, es cierto, más de una vez te desesperas y te sientes cansado.
Imagina que eres mujer, que eres saharaui y musulmana. Imagina que tu fortaleza es ejemplo, que luchas por la igualdad entre hombres y mujeres en una sociedad estereotipada por lo contrario. Imagina que en tu pueblo, culturalmente, no hay violencia contra la mujer. Imagina que la responsabilidad de la vida en el campamento de refugiados cae sobre tus hombros, que todos los días te levantas a hacer pan, sales a estudiar a países solidarios con tu causa, que tu vida, en la resistencia, cambia tu destino.
Imagina que vives en la zona liberada, en un pedazo de tierra que defiende tu gobierno, en la verdadera República Saharaui. Imagina que Marruecos ha construido un muro para separarte del resto de tu territorio y que esta pared mide 60 veces más que el muro de Berlín. Imagina el muro minado de principio a fin y que un día que sales a pastorear tus cabras una mina te estalla. Imagina que hoy convaleces en el centro de víctimas de la guerra y las minas Mártir Chérief, un hospital semidestruido por las lluvias del año pasado.
Imagina que esta semana una pantalla gigante e inaudita se apareció en el desierto. Imagina que llegó un festival de cine a aliviarte y a decirte que no estás sólo, aunque la ONU te dé la espalda.
Gloria Muñoz Ramírez (2007)
14 ene 2009
Me pregunto...

Al ir acercándote a los campamentos, una extraña sensación va invadiendo tu cuerpo poco a poco. Te vas sintiendo cada vez más aislado, como una transición entre dos mundos, son muchos kilómetros de arena y piedras.
Nada más, arena y piedras.
Al llegar al campamento te sientes como un pequeño bote en mitad del océano, solo, aislado, olvidado. A merced de las olas. El viento baila a tu alrededor y con él la arena. Rebelde e imprevisible, te envuelve y se va, se alza sobre tu cabeza y bajo tus pies, en mil y una direcciones.
En mitad de la nada, en mitad de una tierra ardiente y estéril, se alza el pueblo saharaui.
El mar que les pertenece, les espera triste en la distancia, esperando algún dia volver a verles en un lugar del que jamás debieron partir, esperando volver a sentirles entre sus aguas, volver a ver sus sonrisas, que ni el desierto pudo borrar. El mar llora su ausencia, les espera triste y ausente, les extraña.
El calor y el frio se suceden vertiginosamente, como el sol y el viento.
Una cabra camina fatigada entre las jaimas, entre las casas de barro.
A mediodía la vida se detiene, no se ve a nadie, el sol es demasiado fuerte y todos esperan en sus jaimas que la tarde entre y se vaya sumergiendo poco a poco en el frio de la noche.
Al bajar el sol, algunos niños salen a jugar, sin videojuegos ni elaborados juguetes, se tienen a ellos mismos y eso basta. Su alegría contrasta con su situación, dura y penosa, en mitad de la nada.
En mitad de la nada.
Se levantaron jaimas, casas de adobe, crecieron colegios y hospitales, casas de ancianos y escuelas de mujeres. Hasta un huerto tuvo la osadía de hacerse un hueco en aquel infierno.
Y así creció el pueblo saharaui, entre la esperanza y la resignación, entre la muerte y la vida, atrapados en el pasado, soñando con un futuro que no llega.
Y entre tanta ausencia, su sonrisa, su fuerza. Parece increíble pero allí está, inquebrantable. Un pueblo de paz y esperanza, esperando que se haga justicia, marginados y olvidados.
Al pasear por la wilaya, todo parece mentira, las casas, la gente, las cabras, no parece ser real. Es un decorado, un escenario, te repites una y otra vez, no puede haber gente viviendo aquí, pero así es, aquí están.
Al caer la noche, la sensación de irrealidad aumenta. Mil y una estrellas rodean los campamentos, las jaimas descansan y llega el silencio, un silencio olvidado en Europa, inexistente. Aquí aun resiste, solo el viento se atreve a romperlo. Al caer la noche, la belleza del lugar te hace olvidar el infierno. Dudas si viajaste en el espacio o en el tiempo. Si recorriste kilómetros o siglos atrás. La vida se detuvo un día para los saharauis y en vez de avanzar, el tiempo les obligó a retroceder hacia el pasado negándoles un futuro que les pertenece.
La vida se paró un día, en el Sahara, en el desierto de los desiertos, entre la arena, entre las dunas. Tan solo espera, con calma y un te entre sus manos, que algún día se haga justicia y la vida vuelva y los saharauis puedan crecer en paz y libertad y el futuro robado les sea devuelto.
Tan solo espera.
Tan solo espera.
... ¿hasta cuando?
Fuente Foto: Saharauis (En lista de enlaces)
22 sept 2008
LA PASIÓN DE LOS OLVIDADOS
en la inmensidad del desierto.
Ellas cubren y guardan por mucho tiempo
el deseo reprimido de los muertos y vivos.
Se alzan en la memoria de los olvidados
que se enfilan hacia la razón,
en el tren de cada vuelta que da la vida.
Huelen con pasión el perfume
del último vaso de agua.
Buscan en el brillo de cada estrella
el inicio y el fin de cada esperanza.
(ALÍ SALEM ISELMU)
14 jun 2008
Más de 30 años
El aroma de un cigarro al encenderlo me devuelve al lugar desde el que escribo.
Estaba lejos, al otro lado del estrecho, junto a todos esos que no pueden abandonar su realidad siquiera un momento.
Estaba con todos los que duermen hacinados en oscuras y arrugadas celdas, víctimas de una tortura sin sentido.
Estaba entre manifestantes reprimidos, gritándole a la libertad aunque por ello me la arrebataran.
Estaba ante los ojos que lloraban.
Estaba con los que no tienen piernas, con los ciegos y con todos los que murieron a causa de las malditas minas.
Estaba con los que no podían ver la vida plena, por tener delante un muro.
Estaba escuchando los testimonios de aquellos que tuvieron que participar en una guerra.
Estaba entre los que enfermaban sin tener medios para curarse.
Estaba sola entre la niebla, añorando a un pueblo hoy exiliado. A mi familia. A todos los que un día fueron para mí cercanos.
Estaba escondiéndome de mi país, sintiéndome la fugitiva más extraña.
Estaba huyendo de la coacción, de la barbarie, de la opresión.
Y sin embargo no podía escapar del sufrimiento.
Estaba mezclada entre los saharauis y, así, en lo que me he encendido un cigarrito, ya no lo estoy.
Es, quizás, por instantes tan pequeños como éstos, por lo que ya han pasado más de 30 años.
13 jun 2008
Nuestras tierras

Las tierras son del pueblo que las mantiene, no del que las invade.
Las tierras son de aquel que lucha por defenderlas, y no del que intenta poseerlas.
Las tierras son de quien las cuida, y no de quien las explota.
Las tierras son del maltratado, y no del que maltrata.
Las tierras son de esa gente que tanto las ama. No son de ese verdugo que las mata.
Las tierras no son de quien las controla. Las tierras son de aquellos que las añoran.
Las tierras son sólo tu excusa para enriquecerte. Pero esas tierras son, para nosotros, el único motivo para querer vencerte.
Las tierras te valen para crecer, pero a nosotros, en cambio, nos llevan a renacer.
Las tierras te sirven para destrozar miles de corazones pero, a nosotros, nos sirven para compartir millones de ilusiones.